Me creo sabia sin serlo porque ya sé lo que no podré hacer: me bebí todo ese tiempo y todavía me queda un trago para apagar incendios mientras me retiro sin quejas por la calle mal iluminada de ese barrio alambrado de sueños en el que todos duermen salvo yo; y los perros.
CARAJO
Era un pianista en el teclado de entre mis piernas.
A veces le quise, y él a veces me folló.
Supongo que ya sé lo que significa “justicia poética”
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