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Despertar. Una cama de 180cm. Estirar el cuerpo. Sentirse amplio y relajado. Mentira, mentir a tu subconsciente. Desayunar. Encender el televisor y ahí esta, malas noticias al empezar el día. Vestirse, pero antes una ducha para despejarte y luego el gran dilema de que ropa ponerte. Estudiar/trabajar. Llegar a casa. Comer... despreciar la comida mientras otros mueren por ella. Conectarse. Oh, que genio ese hombre que invento/descubrió el internet. Parar. Pasear. Volver a casa y coger un libro en blanco. Intentar escribir pero no saber por donde empezar, que poner. Acostarse, rutina. No ser feliz. Levantarte a las 4 un día e ir a por ese libro, pillar el primer boli que enccuentras entre ese desastre a lo que llamas mesa de estudio y empezar a escribir. Escribir esto:
"Hola preciosa, como esta la cosa mas bonita de este mundo? Espero que genial, espectacular, porque te lo mereces. Recordarte que para lo que quieras me tienes. ¿Sabes? Tengo una cama de 180 que espera tu compañía junto a la mia en las noches frias de invierno mientras el viento silva o suene la lluvia, y también espera sudores en verano bajo sabanas mojadas, que quiere incontables corridas y que por las sabanas ni te preocupes, que tengo descuento en la tintoreria. Sin dudarlo, afirmo que eres una musa con pies de gata. Por cierto, no nos conocemos. Soy ese que quiere hacerte feliz siempre que este a tu lado. Te espero impaciente, llega a mi vida cuanto antes, te quiero"
Arrancar la hoja, meterla en un sobre en blanco. Sin destinatario. Sólo con remitente. Y esperar hasta que llegue alguien a la ahora solitaria cama.
Esperar...

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